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La jornada laboral del alumnado universitario

Tribuna Abierta (2009/10/02) en Noticias de Gipuzkoa

Tribuna Abierta (2009/10/05) en Noticias de Álava

Tribuna Abierta (2009/10/06) en Deia.

La jornada laboral del alumnado universitario

por Aratz Castro*

En plena crisis económica, las sociedades y sus trabajadores reclaman que esta situación no suponga un recorte en el gasto social. Tampoco en los derechos sociales. La ciudadanía exige medidas que garanticen los logros conseguidos hasta el momento y no sean mermados por la patronal aprovechando la actual situación económica. Siguen reclamando la reducción de la jornada laboral y reivindican la flexibilización de los horarios para facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar. De hecho, ya se han comenzado a tomar algunas medidas, seguramente insuficientes, para favorecer esta última reivindicación.

Sin embargo, un problema que parece encontrarse en vías de solución para quienes trabajan comienza a ser un problema para el alumnado universitario. Todo dependerá de cómo se implante el conocido proceso de Bolonia. Un proceso que, contrariamente a lo que muchos piensan, no ha terminado con la aprobación del mapa de titulaciones, tal y como apuntó el rector de la UPV/EHU en la inauguración del curso académico. El Espacio Europeo de Educación Superior exige una mayor implicación del alumnado del mismo modo que la adaptación de los sistemas de evaluación. Queda en duda pues los sistemas actuales donde la evaluación puede llegar a suponer hasta el 100% de la nota. Un sistema cuanto menos inadecuado teniendo en cuenta el nuevo modelo educativo a implantar y que habrá que adaptar a la nueva realidad pero también a las necesidades del alumnado.

Los movimientos “antibolonias” llevan denunciando mucho tiempo que este proceso conllevará, entre otras cosas, un aumento de la jornada laboral de los estudiantes hasta superar las 40 horas semanales. Un escenario que, aunque en principio pudiera pensarse descabellado, no lo es si cuantificamos el tiempo que dedicamos actualmente al estudio de la carrera. Los estudiantes debemos rechazar todas aquellas metodologías que exijan al alumnado una asistencia a las aulas similar a la actual, y además incorpore trabajos extraescolares. Estos sistemas obligarán al alumnado a dedicar más de 40 horas semanales. ¿No caminábamos hacia un modelo de autoorganización por parte del alumno de su tiempo? ¿No anunciaban una reducción de la magistralidad a favor de esa autoorganización? Eso es lo que muchas veces nos han asegurado pero, ¿quién va a controlar que ello se cumpla? Éstas son las preguntas a las que las universidades deben dar respuesta. La UPV/EHU, como universidad pública, debe explicar y concretar las medidas que va a adoptar para lograr estos fines. De lo contrario, los universitarios viviremos la situación que tanto denuncian trabajadores y sindicatos negándonos la tan deseada conciliación. Ni qué decir tiene las consecuencias que pudiera ocasionar a todos aquellos estudiantes que necesitan compaginar el estudio y el trabajo. Una situación inasumible para ese sector del alumnado que, aunque pudiera ser reducido, no por ello es menos importante.

Muchas son las ocasiones en que se habla del trabajo como una fuente de ingresos para pagar los estudios y por ello reclamamos más dinero para becas. Sin embargo, nos olvidamos de una dimensión tan importante para la juventud como es el estudio: la necesidad de emanciparse. Es decir, la necesidad de tener una fuente de ingresos estable con la que ser autosuficiente. No hay que olvidar que la sociedad demanda cada vez mayor preparación y ello nos exige completar nuestra titulación con un master o un doctorado terminando los estudios con una media de 25 años. ¿Con qué edad pretenden que empecemos a trabajar los jóvenes? La solución para conciliar formación y emancipación no pasa por la convocatoria de becas. Y menos la beca salario. No es una cuestión de prescindir de la necesidad de trabajar sino de facilitar la conciliación de ambas condiciones. Para ello, las administraciones públicas, y particularmente la universidad, debe adaptar toda su normativa interna -desde los estatutos hasta la normativa de gestión- y tener presente estas situaciones. De nada nos vale que leyes y decretos reconozcan derechos como “el de no asistencia a clase” si en la práctica no suponen ninguna ventaja para el alumnado

Hoy en día, desde algunos sectores del alumnado estamos trabajando para que esta situación cambie. Se ha propuesto que se reconozca la figura del “estudiante a tiempo parcial” lo que ayudaría a esa conciliación. Pero no debe caer en otro reconocimiento más sin efectos prácticos. Debe conllevar necesariamente reformas importantes y medidas concretas dentro de la Universidad flexibilizando sus normativas de permanencia y adaptando los sistemas de enseñanza y evaluación. También deberá el Gobierno Vasco adaptar las ayudas y becas a esta nueva realidad borrando de sus bases requisitos tales como la necesidad de estar matriculado en un curso completo.

El papel lo aguanta todo y reconocer derechos es fácil si luego no se tiene la menor intención de hacerlos efectivos. Es ahí donde es importante que los estudiantes estemos alerta para exigir que se hagan realidad los derechos reconocidos en la legislación universitaria. Así estamos haciéndolo y seguiremos en esta línea tanto desde el Consejo de Estudiantes. Estoy seguro que habrá buena receptividad por parte del equipo rectoral de la UPV/EHU a tenor de la buena relación que ha existido durante el curso pasado. No obstante, estas respuestas deberán ser aclaradas por las universidades este curso antes de entrar de lleno los nuevos planes para que la implantación de Bolonia sea completa. Creo de igual modo que el Gobierno Vasco establecerá canales por los que podamos trasladarle cuantas demandas surjan del alumnado a fin de valorarlas. Del mismo modo que estimo necesario que asuman como propio la necesidad de que el alumnado participe en órganos como UNIQUAL muy acorde con la necesidad de que “los jóvenes sean el centro del sistema universitario”, tal y como ha apuntado la consejera de Universidades en la apertura del curso académico de la Universidad de Deusto. De lo contrario, se estará actuando de espaldas al alumnado y sin escuchar a quienes tenemos algo que opinar.

* Miembro del Consejo de Gobierno de la UPV/EHU


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Juventud y Violencia: Conceptos antagónicos.

2009/07/25

Diario de Álava: Tribuna Abierta

2009/07/28

Deia: Colaboración

Juventud y violencia: conceptos antagónicos
por Aratz Castro

DURANTE estos días estamos observando las reacciones que los distintos agentes sociales y políticos tienen sobre el Informe extraordinario sobre atención institucional a las víctimas del terrorismo en Euskadi presentado por el Ararteko días atrás. La información que llega a la sociedad a través de los medios de comunicación mayoritariamente se refiere a los datos referidos a la juventud y su aceptación o rechazo a ETA. Sin embargo, estas declaraciones y titulares debemos enmarcarlos en una realidad social y política concreta donde se está intentando trasladar a la sociedad de una simulada etapa de tolerancia cero contra ETA aprovechando, aunque sea a costa de la criminalización de la juventud, un informe elaborado por el Ararteko.

Analizando los titulares nos damos cuenta de que los medios de comunicación, influidos por los agentes sociales, solamente se hacen eco de 30 de las más de 700 hojas de las que consta en el informe presentado. Concretamente se centran en los datos referentes al grado de aceptación o rechazo de ETA por parte de la juventud. El titular más destacado ha sido “el 15% de los adolescentes vascos justifica o no rechaza el terrorismo de ETA”. De esta forma, se ha transmitido a la sociedad una imagen distorsionada de falta de compromiso con los derechos humanos por parte de la juventud que nada tiene que ver con la realidad en que vivimos. Que el 15% no rechace la violencia es un dato importante a tener en cuenta y habrá que tomar medidas al respecto pero no debemos olvidarnos que ello supone que el 71% de los adolescentes vascos rechazan claramente la violencia de ETA. En el informe se añade “sirva esta última cifra para contrarrestar algunas opiniones que sostienen que la mayoría de la juventud vasca apoya a ETA”. Afirmación que corroboraría mi opinión. Sin embargo, creo que como sociedad debemos enmarcar el análisis de estos datos respecto a la juventud en el contexto sociopolítico que sobre esta cuestión encontramos en la sociedad vasca en general.

Me preocupa un dato que seguramente por lo que supone no ha trascendido a la opinión pública. Ese dato se refiere a la defensa de los derechos humanos de quienes asesinan por no coincidir ideológicamente. En estudio del Ararteko revela que el 45,4% de los encuestados está nada o poco de acuerdo con “los derechos humanos de los miembros de ETA deben ser respetados en todo momento”. ¿no es esto un dato preocupante? Es fundamental transmitir a la juventud que debe existir tolerancia cero con los asesinos sin importar la razón que les lleve a ello. Pero igual de importante es educar en los valores democráticos y ello supone enseñar a la juventud que la democracia debe garantizar los derechos de todos porque es la única forma de garantizar que la justicia sea justa y condene al culpable.

El análisis desgrana los datos según el sexo, curso, territorio histórico y modelo lingüístico. Incluso realiza dos perfiles distintos de jóvenes adolescentes: el perfil que no rechaza la violencia y el perfil con el mayor grado de rechazo. En el primero encontramos a un joven adolescente de 2º de la ESO -14 años- que vive en Gipuzkoa y cursa sus estudios en el modelo D. En el segundo una joven adolescente de 3º o 4º de ESO -15/16 años- que vive en Bizkaia y cursa sus estudios en modelo A. Realizar esta tipología, a mi modo de ver inadecuada e inoportuna, crea arquetipos erróneos que da alas a quienes de una y otra forma transmiten de forma malintencionada una inexistente correlación entre juventud y violencia. Mayor preocupación debiera suponer que de este informe se desprenda y defienda por algunos colectivos, a raíz de esta tipología, que el modelo D permite un “adoctrinamiento” a favor de la actitud terrorista. Una afirmación injustificada que sin embargo permite a quienes, por alguna razón, se encuentran obsesionados en criminalizar el euskera.

Atendiendo a los datos presentados encontramos que la diferencia respecto al rechazo a ETA entre los chicos y las chicas es tan sólo 0,5% superior en el caso de las chicas. También, independientemente del sexo, el informe expresa que a medida que avanzan en sus estudios (luego también en edad), el rechazo a ETA aumenta. Igualmente, indica que apenas hay diferencias entre las dos redes de enseñanza (pública y concertada). Por último, con respecto a los modelos lingüísticos del informe se desprende que las diferencias entre escolares de diferentes modelos no son grandes y que en cualquier caso la gran mayoría de quienes cursan sus estudios en el citado modelo D manifiesta una tolerancia cero ante la violencia y el terrorismo. Creo que esto permite ver que de alguna manera los arquetipos presentados no son oportunos.

Por último, me gustaría apuntar que echo de menos que las distintas asociaciones juveniles y en concreto el Consejo de la Juventud de Euskadi no haya salido en defensa de la juventud criticando la visión que se está transmitiendo de este colectivo y la falsedad que supone que se trasladen esos prototipos. Además, pediría a quienes manejan los datos de estudios y encuestas responsabilidad pues muchas veces, quizá de forma involuntaria, se transmite a la sociedad de este país una imagen claramente contraria a lo que el estudio objetivamente aporta.


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Selectividad: un modelo injusto

Veíamos como el viernes pasado los estudiantes vascos despedían el modelo actual de selectividad dejando paso a un nuevo sistema para el curso próximo. A este respecto la UPV/EHU ha tenido que adaptar su normativa tal y como anunció Escuchamos como el nuevo modelo exigirá a los alumnos una prueba oral de inglés a partir de 2012, flexibilidad para los mayores de 45 años así como para los que tienen una experiencia acreditaba. Se escribía en este periódico el sábado que “la tradicional Selectividad será sustituida por un nuevo modelo que premiará aún más el esfuerzo realizado por los alumnos”. Nada más lejos de la realidad a mi modo de ver.

Hasta el momento el alumnado tenía dos bloques diferenciados de asignaturas al 50% de nota cada uno. Por un lado, se encontraban las asignaturas comunes a todos los bachilleres, historia o filosofía, lengua, Euskara, inglés. Por el otro, las asignaturas de modalidad física, historia del Arte, Biología o Dibujo por ejemplo. Una nota que era para toda la vida y que el estudiante podía mejorar volviéndose a presentar a los exámenes si no le llegaba para la carrera que quería.

Con el nuevo modelo a los estudiantes solamente se les exigirá cinco exámenes, 2 menos que en la actualidad. Si bien es cierto que se le da la posibilidad de mejorar la nota, hasta 4 ptos, realizando dos exámenes extras de las asignaturas de modalidad que elijan. Pero a diferencia que hasta ahora, estos puntos extras solamente se le guardará durante 2 años desde que realizo las pruebas. ¿Qué sentido no guardar esos puntos? Lo que sí es fácil observar es el aspecto negativo. El sistema escogido para supone que un alumno con una nota de admisión de 7 puntos se puede convertir fácilmente en un 5 con el simple transcurso del plazo de dos años.

También es criticable que dos estudiantes que sacan las mismas calificaciones en todas y cada una de las asignaturas puedan tener hasta una diferencia de dos puntos en sus notas finales. Y esto simplemente es por una razón. Porque el decreto exige al alumnado que elija qué asignatura de modalidad exige para la parte general y cuales para la optativa. Dependiendo de cómo sea su elección las mismas notas en las mismas asignaturas podrá convertirse en dos notas de admisión hasta de dos puntos de diferencia. Peculiaridad, por no llamarlo perjuicio, que no ocurría hasta el momento y particularidad que no tendrán que sufrir quienes hagan la prueba para mayores de 25 años.

Es por ello, que estas conclusiones me llevan a pensar que este sistema que ha instalado el Gobierno Central tras la reforma de la Ley de Universidad perjudique y por tanto sea injusto con quienes entre, los 18 y 24 años, realice esta prueba de selectividad a pesar de beneficie con la flexibilización a la Universidad.

Aratz Castro

Presidente del Consejo de Estudiantes y

Miembro del Consejo de Gobierno